
Hoy esta visión estratégica se convierte en una verdadera carta de navegación para que los actores del sector agroalimentario, tanto públicos como privados, generemos una comunión de esfuerzos en pro de un objetivo: más y mejores alimentos para nuestro país y el mundo.
El eje inspirador de este objetivo no debiera ser sólo la oportunidad de mercado, o el hecho de llegar a ser más competitivos en la economía global, lo que con o sin este ideario tarde o temprano igualmente hubiéramos enfrentado.

Una potencia moderna, capaz de sustentarse en el tiempo no sólo debe ser competitiva, sino colaborativa. Porque en un mundo en constante cambio, las buenas ideas quedan sólo en eso, buenas ideas, si no existe la capacidad de convertirlas en proyectos colectivos, donde existan aliados y no antagonistas.